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Las buenas prácticas agrícolas
se podrían definir como aquellas que son respetuosas con el medio
ambiente. Dicho de otra manera, las formas de llevar las explotaciones
y sus cultivos, o su ganadería, y evitar impactos negativos en los
recursos naturales como el agua, el suelo y el aire. Existen varias normativas
o preceptos cuyo objetivo es difundir estas buenas prácticas y
sus exigencias concretas suelen ser muy similares. Entre ellas, encontramos:
El
Código de Buenas Prácticas Agrarias
y el
Programa de Actuación,
tienen como objeto prevenir y reducir la contaminación causada
por los nitratos de origen agrario.
Las
Buenas Prácticas Agrarias Habituales contemplan un amplio marco de condiciones, que afectan al medio ambiente
y la higiene y bienestar de los animales. Son de obligado cumplimiento
para la concesión de las ayudas destinadas a las zonas desfavorecidas
y a las zonas con limitaciones medioambientales específicas (conocida
como indemnización compensatoria de montaña, ICM) y las
medidas agroambientales.
Las Buenas Condiciones Agrarias y Medioambientales son las que derivan
de la Condicionalidad. Las
buenas
condiciones agrarias y medioambientales
persiguen el mantenimiento de las tierras en buenas condiciones agronómicas
y contemplan específicamente la erosión, estructura y materia
orgánica de los suelos, así como el laboreo mínimo
de las tierras.
Normativa
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